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Dolmen Pradocastaño

El dolmen de Pradocastaño se emplaza a una altitud aproximada de 431 m s. n. m. sobre la vertiente oriental de un pequeño promontorio que domina visualmente un amplio valle situado en la parte central del término municipal de Hernán-Pérez. Desde este punto se controla un espacio caracterizado por la presencia de diversos paleocauces y pequeñas vaguadas que articulan el paisaje circundante, rodeados a su vez por varios arroyos de carácter estacional que nacen en las laderas meridionales de la Sierra del Moro y desembocan en el río Árrago, principal eje hidrográfico del sector oriental de la comarca de Sierra de Gata. Esta posición privilegiada otorga al monumento una notable visibilidad sobre el territorio inmediato y permite establecer una estrecha relación visual con otras áreas de ocupación prehistórica documentadas en el entorno.

El emplazamiento elegido para la construcción del monumento no parece responder a criterios casuales. La combinación entre control visual del paisaje, proximidad a recursos hídricos y presencia de amplias superficies aptas para el aprovechamiento agroganadero convierte este espacio en un lugar especialmente favorable para la implantación de comunidades humanas desde la Prehistoria reciente. La elección de este pequeño promontorio pudo responder tanto a razones prácticas como simbólicas, contribuyendo a reforzar el carácter monumental y territorial del sepulcro dentro del paisaje megalítico regional.

El dolmen de Pradocastaño es conocido por la investigación arqueológica desde finales de la década de 1960, cuando fue dado a conocer en el contexto del hallazgo del célebre conjunto de estelas de la dehesa de Hernán-Pérez (Almagro Basch, 1969). No obstante, las intervenciones arqueológicas desarrolladas en las últimas décadas han permitido ampliar considerablemente el conocimiento sobre el monumento, revelando una estructura de gran complejidad arquitectónica y un extraordinario registro arqueológico.

Desde el punto de vista tipológico, se trata de un dolmen de corredor largo construido mediante una combinación de ortostatos de granito y pizarra, materiales disponibles en el entorno inmediato. El monumento presenta unas dimensiones aproximadas de veinte metros de longitud por quince metros de anchura máxima, configurando un gran túmulo de planta ovalada que se estrecha progresivamente hacia su extremo oriental, coincidiendo con el desarrollo del corredor de acceso. Esta disposición responde a un modelo arquitectónico ampliamente documentado en el occidente peninsular durante el Neolítico final y el Calcolítico, aunque presenta particularidades que lo convierten en una de las estructuras más destacadas del conjunto megalítico de Sierra de Gata.

Sin embargo, uno de los aspectos más sobresalientes de Pradocastaño reside en su excepcional patrimonio artístico. Las excavaciones han permitido documentar un complejo programa decorativo grabado sobre diversos elementos arquitectónicos del monumento. Entre las representaciones más destacadas sobresale una singular estela de carácter discoideo situada en la pared frontal de la cámara funeraria, elemento que constituye una de las manifestaciones más relevantes del arte megalítico regional. A esta representación se suman diversos motivos grabados que incluyen petroglifos de posible carácter soliforme, círculos concéntricos, cazoletas y figuras cuya interpretación continúa siendo objeto de estudio, entre las que podrían identificarse representaciones zoomorfas.

La presencia de este conjunto iconográfico sitúa a Pradocastaño entre los monumentos megalíticos con mayor riqueza simbólica del norte de Extremadura. Más allá de su valor artístico, estas manifestaciones evidencian la existencia de complejos sistemas de representación vinculados a las creencias, la memoria colectiva y la construcción de identidades sociales durante la Prehistoria reciente. El monumento trasciende así su función estrictamente funeraria para convertirse en un auténtico espacio de expresión simbólica y ritual.

Las intervenciones arqueológicas desarrolladas en el yacimiento han permitido además reconstruir una larga secuencia de ocupación que refleja la compleja biografía histórica del monumento. Los datos obtenidos indican que el dolmen fue utilizado y transformado durante un extenso periodo de tiempo que podría abarcar desde momentos avanzados del Neolítico hasta la Edad del Bronce. La documentación arqueológica permite plantear la existencia de al menos dos grandes fases de utilización funeraria, durante las cuales la estructura fue objeto de modificaciones, reutilizaciones y procesos de resignificación por parte de distintas comunidades.

Este prolongado uso del espacio funerario constituye uno de los rasgos más característicos de Pradocastaño. Lejos de representar un monumento construido y abandonado en un único momento histórico, las evidencias arqueológicas muestran un lugar cuya importancia social y simbólica se mantuvo durante generaciones, convirtiéndose en un referente permanente dentro del paisaje y la memoria de las comunidades locales.

La biografía del monumento no concluyó, sin embargo, con el final de las prácticas funerarias prehistóricas. Diversos hallazgos cerámicos recuperados tanto en el interior como en las inmediaciones del dolmen sugieren una nueva fase de ocupación durante época romana (Vicente Santos et al., 2023). Aunque la naturaleza exacta de esta reutilización continúa siendo objeto de investigación, los materiales documentados permiten plantear la posible existencia de actividades habitacionales o productivas vinculadas al aprovechamiento del entorno inmediato. Este fenómeno de reocupación resulta especialmente significativo, ya que demuestra cómo determinados lugares de fuerte carga simbólica continuaron desempeñando un papel relevante en la organización del territorio miles de años después de su construcción.

En conjunto, el dolmen de Pradocastaño constituye uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes del norte de la provincia de Cáceres. Su monumentalidad arquitectónica, la riqueza de sus manifestaciones artísticas y la amplitud de su secuencia cronológica lo convierten en un referente fundamental para el estudio del megalitismo regional. Más aún, su larga historia de reutilizaciones permite comprender cómo determinados espacios monumentales mantuvieron su capacidad para estructurar el paisaje y atraer nuevas ocupaciones a lo largo de más de tres milenios, convirtiéndose en auténticos lugares de memoria dentro del territorio de Sierra de Gata.

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