Loading Viewer...

Dolmen Arroyo Canillas

Este túmulo se localiza en las proximidades del arroyo del mismo nombre, en un paisaje característico de dehesa actualmente destinado al aprovechamiento ganadero extensivo. El monumento ocupa una posición ligeramente elevada dentro de una terraza fluvial situada a unos 420 m s. n. m., en un entorno dominado por depósitos sedimentarios asociados a la dinámica histórica del cauce. El sustrato sobre el que se asienta presenta una elevada concentración de cantos rodados de distintos tamaños, procedentes tanto de los procesos naturales de sedimentación como de los materiales empleados en la construcción del propio monumento.

La estrecha relación existente entre el túmulo y el curso de agua constituye uno de los aspectos más significativos de su emplazamiento. La proximidad al arroyo habría garantizado el acceso permanente a recursos hídricos y a espacios aptos para el aprovechamiento agroganadero, factores que parecen haber desempeñado un papel importante en la organización del paisaje durante la Prehistoria reciente. Del mismo modo, la disponibilidad inmediata de cantos rodados en las terrazas fluviales próximas habría facilitado la obtención de materiales constructivos para la edificación del monumento.

Desde el punto de vista territorial, este enclave parece integrarse dentro del mismo espacio funerario al que pertenecen otros monumentos de la denominada necrópolis del Matón. Su ubicación, apenas trescientos metros al este del dolmen de La Majadilla, permite plantear una clara vinculación espacial y posiblemente también cronológica entre ambos yacimientos. Esta concentración de monumentos en torno a un mismo sector del valle refuerza la imagen de un paisaje intensamente monumentalizado, donde diferentes estructuras funerarias contribuyeron a señalar, organizar y dotar de significado simbólico al territorio.

El túmulo presenta unas dimensiones aproximadas de doce metros de longitud por ocho metros de anchura, configurando una estructura de tamaño medio dentro del conjunto megalítico documentado en la zona. Aunque hasta la fecha no se han realizado excavaciones arqueológicas que permitan determinar con precisión su configuración interna, diversos indicios observados en superficie sugieren que podría conservar restos de una arquitectura funeraria megalítica en su interior.

Durante las visitas de prospección realizadas sobre el terreno se ha podido constatar la presencia de varios bolos de cuarzo distribuidos en distintos puntos del monumento. La presencia de este material resulta especialmente relevante, ya que el cuarzo constituye un elemento recurrente en numerosos contextos megalíticos del occidente peninsular. En este caso, algunos de estos bloques podrían corresponder a restos del anillo perimetral que delimitaba el túmulo o incluso a elementos relacionados con la señalización del acceso al corredor funerario. Aunque esta hipótesis deberá ser contrastada mediante futuras intervenciones arqueológicas, la utilización de cuarzo en monumentos megalíticos suele interpretarse como un recurso constructivo y visual destinado a incrementar la visibilidad y singularidad del monumento dentro del paisaje.

Otro rasgo significativo es la presencia de una ligera depresión en la parte central del túmulo. Este hundimiento podría responder a distintas causas. Una primera posibilidad es que se trate de un cono de violación producido por actividades de expolio antiguas, fenómeno ampliamente documentado en numerosos monumentos megalíticos de la Península Ibérica. No obstante, tampoco puede descartarse que la depresión sea consecuencia del colapso progresivo de alguna estructura interna, como la cubierta de la cámara funeraria o del corredor de acceso. La ausencia de excavaciones impide por el momento determinar cuál de estas interpretaciones resulta más probable.

A pesar de las limitaciones derivadas de la falta de investigaciones arqueológicas sistemáticas, la morfología general del monumento y su integración dentro de un paisaje densamente ocupado por otros sepulcros megalíticos permiten considerarlo como un elemento de gran interés para comprender la organización territorial de las comunidades prehistóricas que habitaron este sector de Sierra de Gata. Su estudio futuro podría aportar información relevante acerca de la extensión real de la necrópolis del Matón, las relaciones existentes entre los distintos monumentos que la componen y las estrategias de ocupación y monumentalización desarrolladas en este territorio durante el Neolítico final y la Edad del Cobre.

En este sentido, el túmulo constituye un importante testimonio arqueológico aún pendiente de investigación, cuyo potencial científico permanece prácticamente intacto. La realización de futuras intervenciones permitiría determinar la existencia o no de estructuras funerarias conservadas en su interior, precisar su cronología y establecer su papel dentro de uno de los conjuntos megalíticos más destacados del norte de la provincia de Cáceres.

Compartir en: